Allá, atrás de las montañas
Desde hace días he estado siguiendo las noticias que llegan desde Irán, donde una revolución estuvo a punto de estallar por unas elecciones que se contaron mal. El año pasado conocí un joven iraní y nos hicimos amigos. Él me contó acerca del Zoroastrismo, que es la religión que él profesa y acerca de cómo sus integrantes son asediados por las autoridades islámicas en Teherán, su ciudad natal. En Google Maps le mostré una foto de satélite de su barrio en Teherán y la sonrisa que le vi fue la más sincera sonrisa de alegría y sorpresa que he visto en mucho tiempo; en las fotos de satélite pudimos ver cual era su barrio, en cual calle vivía y la que era su casa, de la que tuvo que escapar por miedo a ser encarcelado o desaparecido. Me contó que con ayuda de un hermano logró pagar diez mil euros a traficantes de indocumentados para poder tomar un vuelo de Teherán a Paris y como en el avión tuvo que deshacerse de su pasaporte original para transformar su identidad durante el vuelo y usar uno falso al llegar a Europa. También me contó de su familia que allá dejó y no sabe si algún día volverá a ver. No entendí todo lo que me contó y creo que no lo podría hacer, para entender esas historias se necesita vivirlas en propia piel.
Un día lo invité a visitarme para que mirásemos una película que yo quería volver a ver y para oír su punto de vista. Mi amigo aceptó la invitación y juntos miramos Persépolis, película de animación basada en el libro de Marjane Satrapi, que para él fue toda una revelación y para mi un honor el podérsela mostrar. Me contó muchas cosas que en la película no se vieron, me aclaró detalles que a simple vista no hubiese considerado y me guió por un laberinto de dudas y nueva información. Por eso en estos días, cuando las noticias de su país y la revolución verde han estado llegando con intensidad, he estado interesado en saber que pasa allá, atrás de las montañas, donde hay gente que aún vive esperando la libertad.
Aprendiendo a traducir
Hasta entonces, a pesar de la película y de las anécdotas que mi amigo me había contado, la historia de su país me parecía lejana, como venida de otro mundo; sabía que Irán es un país de una cultura milenaria, había oído que ahí apareció la primera religión monoteísta con Zoroastro y que de esa creencia en un solo Dios se derivaron otras religiones como el judaísmo, el cristianismo y el Islam, también había leído que los persas fueron uno de los pocos pueblos que los romanos no pudieron conquistar, sin embargo, todo aquello seguía estando perdido en el pasado hasta que un día, mientras visitaba a otro amigo, descubrí en su librero los dos libros de Marjane Satrapi, Persépolis: el cómic. No perdí un momento y se los pedí prestados; estaban en alemán pero no me importó: lo que no entienda lo traduzco―me dije. No podía perderme esa oportunidad.

Y no me arrepe

Interesante es además, que los hechos históricos son narrados a la par de un trabajo biográfico visto desde los propios ojos de la autora. El detalle está en que Marjane era
El Velo
Mientras uno lee esta historia, uno va creciendo junto a Marjane, acompañándola en su obligación de llevar el pelo escondido bajo el velo, viéndola negándose a renunciar a escuchar la música de moda, aferrándose a no dejar de acudir a fiestas juveniles donde se toma alcohol a pesar la prohibición existente, aún sabiendo que en
ello se arriesga hasta la vida, y se le ve luchando entre su propia identidad y la realidad reflejada en el espejo, haciéndonos sentir lo que es crecer en una ciudad acosada por la guerra, bajo un gobierno fundamentalista que ha impuesto su fe y que persigue a sus opositores mientras la ciudad se va llenando (o vaciando según se les cuente por vivos o muertos) de víctimas de la opresión, de los bombardeos y el hambre.
También vemos como los que sobreviven se resignan a decir adiós a la esperanza de encontrar paz en su propia tierra o se van tan lejos y pronto como pueden.La pequeña Marjane crece sabiendo que existe un mundo más allá de lo que ella puede ver y mejor de lo que ella conoce, un mundo donde los hombres pueden ver sin miedo a las mujeres a los ojos, un mundo donde las mujeres pueden andar libres por la calle, donde cada quien se puede vestir como le
plazca o dejarse acompañar por quien lo desee, un mundo donde no existe temor de la política o a la religión, un mundo donde simplemente se puede vivir siendo libre y ella se fue a buscarlo. La historia de Marjane me hizo sentir que la lucha por la libertad debe ser la lucha personal de cada ser humano en cualquier parte del mundo en que se encuentre porque, de quedarnos cruzados de brazos, la historia de Irán bien podría ser una triste predicción de la historia del mundo.
Ahora bien, la de Marjane es la historia de una niña que creció en una familia donde se manejaba Cadillac y se contaba con sirvienta; no me alcanza la imaginación para hacerme una idea de lo que puede ser la vida de una persona sin esa posición en esa sociedad, pero lo que sobre todo no me puedo imaginar, es cuales serán las perspectivas para que una vida así llegue a tener un final feliz.
Mientras tanto, me seguiré informando para ver el momento en que en Irán las cosas cambien para bien de sus habitantes, porque estoy seguro que en Irán, como en cualquier otro país, hay hombres y mujeres que merecen tener razones para sonreír.
Dedicado a Ulrike Koch y agradeciéndole la recomendación:
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